El Bazar Collado: la historia olvidada bajo el Pasaje de Lodares
Cuando miles de personas recorren cada año el Pasaje de Lodares, pocos imaginan que bajo uno de los lugares más emblemáticos de Albacete se esconde la memoria de una familia que contribuyó decisivamente al desarrollo comercial, cultural y gráfico de la ciudad.
La historia del Bazar Collado es, en muchos sentidos, la historia del propio Albacete durante el tránsito entre los siglos XIX y XX: una ciudad que abandonaba lentamente su carácter rural para convertirse en un importante centro comercial y administrativo de La Mancha.
La calle Mayor, el corazón de la ciudad
A finales del siglo XIX la calle Mayor era el eje principal de la vida urbana albaceteña. Por ella transitaban comerciantes, viajeros, agricultores, funcionarios y vecinos que encontraban en sus establecimientos todo aquello que representaba el progreso de la época.
Las fotografías conservadas muestran una calle estrecha, llena de escaparates, toldos, relojes comerciales y fachadas ornamentadas. Era el escaparate de una ciudad que comenzaba a prosperar gracias al ferrocarril y al crecimiento económico de la provincia.
Entre aquellos negocios destacaba el Bazar Collado.
No se trataba simplemente de una tienda. Era uno de esos establecimientos capaces de concentrar múltiples actividades en una época en la que la especialización comercial todavía era limitada. Los bazares de finales del siglo XIX eran auténticos centros de novedades donde podían encontrarse artículos importados, objetos de uso cotidiano, regalos, material escolar, artículos de escritorio e incluso innovaciones tecnológicas que llegaban desde otros puntos de España y Europa.
Una postal que plantea preguntas
Entre las imágenes conservadas destaca una conocida postal de la calle Mayor fechada alrededor de 1916.
La fotografía muestra una calle repleta de peatones, escaparates y actividad comercial.
En el lado izquierdo de la imagen puede distinguirse un rótulo con la palabra "Litografía", un detalle especialmente llamativo debido a la relación de la familia Collado con las artes gráficas.
En esta imagen sin restaurar se puede leer "LITOGRAFIA" creo que es el BAZAR COLLADO donde ahora se encuentra el PASAJE DE LODARES, si nos fijamos al final de la calle creo que es la Calle del Rosario. Y donde está la actual farmacia Santa Teresa
No existe actualmente una identificación definitiva de ese establecimiento, pero la coincidencia resulta sugerente y abre una interesante línea de investigación sobre la posible ubicación de negocios vinculados a la familia.
Además, diversos indicios permiten pensar que la fotografía pudo realizarse en las proximidades de la intersección entre la calle Mayor y la calle del Rosario, precisamente el entorno donde años después se abriría el Pasaje de Lodares.
La familia Collado
Los propietarios del establecimiento eran Juan Collado García y Teresa González Martínez.
En la vivienda familiar de la calle Mayor 53 nació en 1877 Julián Collado González, quien con el tiempo se convertiría en una de las figuras más importantes para la conservación de la memoria visual de Albacete.
La familia desarrolló actividades relacionadas con la imprenta, la encuadernación, la litografía y la edición de publicaciones periódicas. Aquellas actividades situaban a los Collado en una posición privilegiada dentro de la vida cultural de la ciudad.
Mientras otros comerciantes vendían productos, los Collado participaban además en la difusión de información, imágenes e ideas.
Fotografía coloreada con IA, del escaparate del Bazar Collado
Un negocio ligado a la modernidad
Uno de los aspectos más interesantes del Bazar Collado es su estrecha relación con los avances de la época.
Los documentos conservados indican que la familia estuvo vinculada a la comercialización de bicicletas cuando estos vehículos comenzaban a extenderse por España.
Fotografía coloreada con IA, del interior del Bazar Collado, con juguetes solo aptos para la gente adinerada de la época.
Hoy puede parecer algo cotidiano, pero a finales del siglo XIX una bicicleta representaba modernidad, innovación y progreso. Su llegada a Albacete simbolizaba la incorporación de la ciudad a las nuevas corrientes económicas y culturales que recorrían Europa.
El bazar fue también un punto de contacto entre el comercio tradicional y las nuevas tecnologías gráficas que transformaban la comunicación de masas.
Julián Collado y la memoria fotográfica de Albacete
Si el Bazar Collado fue importante para el comercio, Julián Collado lo fue para la historia.
Gracias a su trabajo fotográfico conocemos cómo era la ciudad antes de las grandes transformaciones urbanísticas del siglo XX.
Sus imágenes documentaron calles, edificios, fiestas populares, actividades comerciales y escenas cotidianas que hoy constituyen un patrimonio documental de valor incalculable.
Resulta paradójico que gran parte de lo que sabemos sobre el Albacete desaparecido se deba precisamente al hijo de una familia cuyo propio negocio acabaría desapareciendo del paisaje urbano.
Muchas de las fotografías históricas que circulan actualmente por publicaciones, exposiciones y redes sociales tienen su origen en el trabajo realizado por Julián Collado hace más de un siglo.
El fin de una época
A comienzos de la década de 1920 Albacete vivía una profunda transformación urbana.
Gabriel Lodares promovió la construcción de una gran galería comercial inspirada en las corrientes arquitectónicas europeas del momento.
Aquella obra, que hoy admiramos como uno de los mayores tesoros arquitectónicos de Castilla-La Mancha, exigió la demolición de varios inmuebles de la calle Mayor.
Entre ellos se encontraba el edificio ocupado por la familia Collado.
Los expedientes municipales reflejan años de reclamaciones, negociaciones y conflictos derivados de los desalojos necesarios para ejecutar el proyecto.
Finalmente, el antiguo inmueble desapareció y con él una parte importante del paisaje comercial tradicional de la ciudad.
Donde durante décadas había existido un bazar, una imprenta, un centro de actividad cultural y el hogar de una familia decisiva para la historia local, surgió una de las obras arquitectónicas más representativas de Albacete.
La huella invisible
Hoy no queda ningún rótulo que recuerde al Bazar Collado.
No existe una fachada que permita identificar el lugar exacto donde trabajó aquella familia.
Sin embargo, su legado continúa presente.
Permanece en las fotografías de Julián Collado, en los documentos impresos que ayudaron a difundir la vida cultural de la ciudad y en la memoria de un Albacete que ya no existe.
Cada vez que atravesamos el Pasaje de Lodares estamos caminando sobre un espacio que fue testigo de una parte fundamental de la historia urbana albaceteña.
La desaparición física del Bazar Collado no significó el final de su influencia. Al contrario: su legado sigue ayudándonos a comprender cómo era la ciudad antes de que la modernidad transformara para siempre el corazón de Albacete.
Porque algunas veces la historia más interesante no es la que permanece visible, sino la que permanece oculta bajo nuestros propios pasos.
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