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18 junio 2026

Ramón García Montes “El Roche”: el bandolero albaceteño que se convirtió en leyenda




El Roche, el auténtico bandolero de Albacete: historia y leyenda de Ramón García Montes

Cuando se habla de bandoleros en la provincia de Albacete, casi siempre aparece el nombre de El Pernales. Sin embargo, existe otro personaje mucho más ligado a nuestra tierra y cuya historia, a pesar del paso del tiempo, sigue viva en la memoria de numerosos pueblos del sureste albaceteño. Se trata de Ramón García Montes, conocido popularmente como «El Roche», un hombre cuya vida transcurrió entre las guerras carlistas, la persecución de la Guardia Civil y la leyenda.

 


 

A diferencia de El Pernales, que era andaluz y únicamente encontró la muerte en la provincia de Albacete, El Roche nació en tierras albaceteñas y desarrolló gran parte de sus actividades en ellas. Por ello, muchos lo consideran el auténtico bandolero de Albacete.

Ramón García Montes nació en Montealegre del Castillo alrededor de la década de 1830, aunque las fuentes no se ponen completamente de acuerdo sobre el año exacto. Algunas lo sitúan en 1833 y otras en 1836. Con el tiempo, su vida quedó estrechamente vinculada a Fuente-Álamo, localidad que todavía conserva numerosos recuerdos y relatos sobre su figura.

La España en la que creció El Roche era un país profundamente dividido. El siglo XIX estuvo marcado por guerras civiles, pronunciamientos militares y enfrentamientos políticos que afectaron a varias generaciones. En ese contexto, Ramón García Montes abrazó la causa carlista y participó en la Tercera Guerra Carlista, llegando a alcanzar una graduación importante dentro de las fuerzas partidarias de Carlos VII. Algunas investigaciones incluso le atribuyen el grado de coronel.

 

 

 

El Roche como carlista

 

 

 

La derrota carlista cambió para siempre el destino de muchos combatientes. Mientras algunos aceptaron el indulto ofrecido por el gobierno y otros marcharon al exilio, El Roche optó por continuar armado. Aquella decisión marcaría el inicio de la leyenda.

Conocedor de los montes y caminos del sureste albaceteño, comenzó a moverse por las sierras acompañado de varios hombres fieles. Las abruptas zonas de Liétor, Hellín, Albatana, Ontur y Fuente-Álamo ofrecían refugios naturales que dificultaban enormemente la labor de las autoridades.

Durante aquellos años, su nombre comenzó a extenderse por numerosos pueblos de la provincia. Las crónicas y tradiciones locales lo relacionan con incursiones en Fuente-Álamo, Ontur, Albatana, Hellín, Pozohondo, Carcelén, Villa de Ves, Hoya Gonzalo y otros municipios. Sus partidas requisaban dinero, caballos, alimentos y armas, prácticas habituales en las partidas armadas del siglo XIX.

Uno de los episodios más recordados ocurrió en 1873, en plena inestabilidad política provocada por la Primera República. El Roche y sus hombres llegaron a entrar en diversas poblaciones de la provincia y durante algún tiempo mantuvieron una importante presencia en la zona. Su fama creció rápidamente y comenzó a despertar sentimientos encontrados entre la población.

 

 

 

El Roche como bandolero

 

 

 

Para algunos era un peligroso bandolero; para otros, un antiguo combatiente perseguido por las circunstancias. Con el paso de los años, la tradición popular fue transformando su imagen y surgieron historias que lo presentaban como un hombre generoso con los más humildes. De esta forma nació la figura del llamado «Robin Hood manchego».

Como sucede con muchos personajes populares, resulta difícil separar completamente la realidad de la leyenda. No existen pruebas documentales que demuestren que repartiera dinero entre los pobres, pero sí es cierto que numerosos testimonios recogidos posteriormente lo describen como un hombre respetado por parte de la población rural.

Su nombre llegó a adquirir tal notoriedad que la Guardia Civil organizó numerosos operativos para acabar con su partida. Las autoridades ofrecieron recompensas por su captura y durante años se desarrolló una auténtica persecución por las sierras albaceteñas.

Uno de los episodios más graves relacionados con El Roche tuvo lugar en las inmediaciones de Minateda, donde se produjo un enfrentamiento con fuerzas de la Guardia Civil en el que perdió la vida un agente. A partir de ese momento, la presión sobre el antiguo carlista se intensificó todavía más.

La historia de El Roche terminó el 15 de julio de 1891 en las proximidades de Liétor. La versión oficial indicó que fue abatido por la Guardia Civil durante una operación dirigida por el teniente Manuel Arroyo. Sin embargo, la tradición popular conservó otra historia distinta. Según esta versión, un guarda o vecino habría aprovechado el sueño del bandolero para matarlo y cobrar la recompensa ofrecida por las autoridades.

 


 

 

 

Como tantas veces ocurre con los personajes legendarios, ambas versiones han convivido hasta nuestros días.

La muerte no puso fin a la fama de El Roche. Al contrario, contribuyó a engrandecerla. Durante generaciones, los vecinos de Fuente-Álamo, Liétor y otros municipios siguieron transmitiendo historias sobre sus escondites, sus correrías y sus supuestas ayudas a los más necesitados.

Hoy, más de un siglo después de su desaparición, la figura de Ramón García Montes continúa formando parte del patrimonio histórico y sentimental de la provincia de Albacete. Incluso existen rutas y actividades culturales que recuerdan su paso por las sierras albaceteñas.

Quizá nunca lleguemos a conocer con absoluta certeza dónde termina la historia y dónde comienza la leyenda. Pero precisamente ahí reside el atractivo de personajes como El Roche.

Porque mientras los documentos hablan de un antiguo militar carlista convertido en fugitivo, la memoria popular sigue viendo en él al último gran bandolero de Albacete, un hombre que hizo de las montañas su refugio y cuyo nombre continúa recorriendo, más de ciento treinta años después, los caminos y barrancos de nuestra provincia.




Fuentes



  • Investigaciones y documentación del Ayuntamiento de Fuente-Álamo.
  • Estudios y artículos de Arturo Tendero.
  • Grupo de Investigación Histórico-Cultural de Liétor.
  • Publicaciones sobre bandolerismo manchego.
  • Tradición oral conservada en Fuente-Álamo y Liétor.
  • Prensa histórica y estudios sobre las guerras carlistas.



  • 15 junio 2026

    Los serenos de Albacete: los guardianes nocturnos de la ciudad (1905)


    Los serenos de Albacete: los guardianes nocturnos de la ciudad (1905)


    Durante décadas, las noches de Albacete estuvieron custodiadas por una figura hoy desaparecida, pero muy presente en la memoria colectiva: los serenos. Mucho antes de la existencia de las alarmas, los porteros automáticos o los modernos cuerpos de seguridad, estos hombres recorrían las calles de la ciudad velando por el descanso y la tranquilidad de los vecinos.

    El origen de los serenos en España

    La figura del sereno tiene sus raíces en el siglo XVIII. En 1765 se organizó oficialmente el Cuerpo de Serenos en Madrid, aunque funciones similares ya existían con anterioridad. En un principio, además de vigilar las calles, también se encargaban del alumbrado público, encendiendo y apagando los faroles de aceite que iluminaban las ciudades.

    Con el tiempo, los serenos se convirtieron en auténticos guardianes nocturnos. Durante sus rondas anunciaban las horas y el estado del tiempo con expresiones que se hicieron populares, como:

    • «Las doce han dado y sereno».
    • «Las tres y cuarto y nublado».

    Su presencia llegó a ser tan habitual que muchas personas dependían de ellos para entrar en casa de madrugada, ya que los serenos conservaban las llaves de numerosos portales.

    El reglamento de los serenos de Albacete

    En Albacete, el funcionamiento del servicio quedó regulado mediante el «Reglamento por que ha de regirse el Cuerpo de Serenos Municipales y Vigilantes Particulares», impreso en 1905 por la Viuda de J. Collado.

    El cuerpo estaba formado por serenos municipales y vigilantes particulares distribuidos por barrios y dirigidos por un jefe denominado Cabo de Serenos. Existía además un sereno de primera clase que sustituía al cabo en caso de ausencia o enfermedad.

    Todos ellos actuaban bajo las órdenes del alcalde y eran seleccionados tras comprobarse su conducta y moralidad. Los serenos municipales eran nombrados directamente por la Alcaldía, mientras que los vigilantes particulares eran propuestos por los vecinos.


     

     

    Los salarios en 1905

    El reglamento establecía las siguientes remuneraciones:

    • Cabo de Serenos: 1.000 pesetas anuales.
    • Sereno de primera clase: 780 pesetas anuales.
    • Serenos municipales: 730 pesetas anuales.
    • Vigilantes particulares: subvención de 20 pesetas mensuales.

    Las rondas nocturnas

    Los serenos comenzaban su servicio a las nueve de la noche durante el invierno y a las diez en verano, permaneciendo de servicio hasta el amanecer. A partir de las once anunciaban la hora durante sus recorridos por las calles de la ciudad.

    Para comunicarse entre ellos utilizaban un pito o silbato con el que podían solicitar ayuda de sus compañeros en caso necesario.

    Mucho más que vigilantes

    Sus funciones eran muy variadas. Además de patrullar las calles y prevenir robos, tenían la obligación de:

    • Proteger a las personas y sus bienes.
    • Auxiliar a los vecinos en caso de enfermedad o necesidad.
    • Buscar médicos y medicamentos.
    • Impedir reuniones sospechosas.
    • Mantener el orden y el silencio durante la noche.
    • Vigilar el alumbrado público.
    • Hacer cumplir el horario de cierre de tabernas y cafés.
    • Colaborar con todas las autoridades de la ciudad.
    • Detener a los delincuentes sorprendidos en el acto.

    El reglamento también les encomendaba recoger a los niños abandonados y trasladarlos a los establecimientos designados por las autoridades. Asimismo, debían hacerse cargo de las mujeres desamparadas que en aquella época eran calificadas oficialmente como «mujeres perdidas».


     

     

     

    Los incendios y las campanas

    Cuando se producía un incendio durante la noche, los serenos tenían que avisar inmediatamente al campanero de la parroquia correspondiente para que hiciera sonar las campanas y alertara a la población. También debían informar al arquitecto municipal, a las autoridades y a los miembros del Cuerpo de Bomberos.

    Disciplina y recompensas

    Las faltas leves se castigaban con la suspensión temporal del sueldo y las graves podían suponer la expulsión del cuerpo. El dinero descontado por las sanciones formaba un fondo común que el alcalde utilizaba para premiar a aquellos serenos que destacaban por el cumplimiento ejemplar de sus obligaciones.

    Antiguos militares al servicio de la ciudad

    El reglamento establecía que, siempre que fuera posible, los serenos debían ser elegidos entre licenciados del Ejército con buena hoja de servicios.

    El final de una profesión histórica

    La modernización de las ciudades, la mejora del alumbrado público, la expansión de las fuerzas policiales y, sobre todo, la aparición de los porteros automáticos provocaron la desaparición progresiva de este oficio durante la segunda mitad del siglo XX.

    Hoy los serenos forman parte del recuerdo de una época en la que la tranquilidad de las noches albaceteñas dependía de aquellos hombres que, con su silbato, su farol y sus llaves, recorrían las calles velando por la seguridad de todos.





    Fuentes


  • Reglamento por que ha de regirse el Cuerpo de Serenos Municipales y Vigilantes Particulares. Albacete, Imprenta de la Viuda de J. Collado, 1905.
  • «¿Conocéis la historia de los serenos madrileños?», Madrid Secreto.



  • 06 junio 2026

    El Bazar Collado: la historia olvidada bajo el Pasaje de Lodares




    Retrato de Julián Collado

    El Bazar Collado: la historia olvidada bajo el Pasaje de Lodares

    Cuando miles de personas recorren cada año el Pasaje de Lodares, pocos imaginan que bajo uno de los lugares más emblemáticos de Albacete se esconde la memoria de una familia que contribuyó decisivamente al desarrollo comercial, cultural y gráfico de la ciudad.

    La historia del Bazar Collado es, en muchos sentidos, la historia del propio Albacete durante el tránsito entre los siglos XIX y XX: una ciudad que abandonaba lentamente su carácter rural para convertirse en un importante centro comercial y administrativo de La Mancha.

     

     

     

     

    La calle Mayor, el corazón de la ciudad

    A finales del siglo XIX la calle Mayor era el eje principal de la vida urbana albaceteña. Por ella transitaban comerciantes, viajeros, agricultores, funcionarios y vecinos que encontraban en sus establecimientos todo aquello que representaba el progreso de la época.

     

    Las fotografías conservadas muestran una calle estrecha, llena de escaparates, toldos, relojes comerciales y fachadas ornamentadas. Era el escaparate de una ciudad que comenzaba a prosperar gracias al ferrocarril y al crecimiento económico de la provincia.

    Entre aquellos negocios destacaba el Bazar Collado. 

    No se trataba simplemente de una tienda. Era uno de esos establecimientos capaces de concentrar múltiples actividades en una época en la que la especialización comercial todavía era limitada. Los bazares de finales del siglo XIX eran auténticos centros de novedades donde podían encontrarse artículos importados, objetos de uso cotidiano, regalos, material escolar, artículos de escritorio e incluso innovaciones tecnológicas que llegaban desde otros puntos de España y Europa.

    Una postal que plantea preguntas

    Entre las imágenes conservadas destaca una conocida postal de la calle Mayor fechada alrededor de 1916.

    La fotografía muestra una calle repleta de peatones, escaparates y actividad comercial.

    En el lado izquierdo de la imagen puede distinguirse un rótulo con la palabra "Litografía", un detalle especialmente llamativo debido a la relación de la familia Collado con las artes gráficas.

       

    En esta imagen sin restaurar se puede leer "LITOGRAFIA" creo que es el BAZAR COLLADO donde ahora se encuentra el PASAJE DE LODARES, si nos fijamos al final de la calle creo que es la Calle del Rosario. Y donde está la actual farmacia Santa Teresa

     

     

    No existe actualmente una identificación definitiva de ese establecimiento, pero la coincidencia resulta sugerente y abre una interesante línea de investigación sobre la posible ubicación de negocios vinculados a la familia.

    Además, diversos indicios permiten pensar que la fotografía pudo realizarse en las proximidades de la intersección entre la calle Mayor y la calle del Rosario, precisamente el entorno donde años después se abriría el Pasaje de Lodares.

     

    La familia Collado

    Los propietarios del establecimiento eran Juan Collado García y Teresa González Martínez.

    En la vivienda familiar de la calle Mayor 53 nació en 1877 Julián Collado González, quien con el tiempo se convertiría en una de las figuras más importantes para la conservación de la memoria visual de Albacete.

    La familia desarrolló actividades relacionadas con la imprenta, la encuadernación, la litografía y la edición de publicaciones periódicas. Aquellas actividades situaban a los Collado en una posición privilegiada dentro de la vida cultural de la ciudad.

    Mientras otros comerciantes vendían productos, los Collado participaban además en la difusión de información, imágenes e ideas.

     

     

     Fotografía coloreada con IA, del escaparate del Bazar Collado

    Un negocio ligado a la modernidad

    Uno de los aspectos más interesantes del Bazar Collado es su estrecha relación con los avances de la época.

    Los documentos conservados indican que la familia estuvo vinculada a la comercialización de bicicletas cuando estos vehículos comenzaban a extenderse por España.

     

     

    Fotografía coloreada con IA, del interior del Bazar Collado, con juguetes solo aptos para la gente adinerada de la época.

     

     

     

    Hoy puede parecer algo cotidiano, pero a finales del siglo XIX una bicicleta representaba modernidad, innovación y progreso. Su llegada a Albacete simbolizaba la incorporación de la ciudad a las nuevas corrientes económicas y culturales que recorrían Europa.

    El bazar fue también un punto de contacto entre el comercio tradicional y las nuevas tecnologías gráficas que transformaban la comunicación de masas.

    Julián Collado y la memoria fotográfica de Albacete

    Si el Bazar Collado fue importante para el comercio, Julián Collado lo fue para la historia.

    Gracias a su trabajo fotográfico conocemos cómo era la ciudad antes de las grandes transformaciones urbanísticas del siglo XX.

     

     



      vemos el Bazar Collado 
    a la derecha en la Calle Mayor  mirando hacia la Calle Marqués de Molins

     

    Sus imágenes documentaron calles, edificios, fiestas populares, actividades comerciales y escenas cotidianas que hoy constituyen un patrimonio documental de valor incalculable.

    Resulta paradójico que gran parte de lo que sabemos sobre el Albacete desaparecido se deba precisamente al hijo de una familia cuyo propio negocio acabaría desapareciendo del paisaje urbano.

    Muchas de las fotografías históricas que circulan actualmente por publicaciones, exposiciones y redes sociales tienen su origen en el trabajo realizado por Julián Collado hace más de un siglo.


    El fin de una época

    A comienzos de la década de 1920 Albacete vivía una profunda transformación urbana.

    Gabriel Lodares promovió la construcción de una gran galería comercial inspirada en las corrientes arquitectónicas europeas del momento.

    Aquella obra, que hoy admiramos como uno de los mayores tesoros arquitectónicos de Castilla-La Mancha, exigió la demolición de varios inmuebles de la calle Mayor.

    Entre ellos se encontraba el edificio ocupado por la familia Collado.

    Los expedientes municipales reflejan años de reclamaciones, negociaciones y conflictos derivados de los desalojos necesarios para ejecutar el proyecto.

    Finalmente, el antiguo inmueble desapareció y con él una parte importante del paisaje comercial tradicional de la ciudad.

    Donde durante décadas había existido un bazar, una imprenta, un centro de actividad cultural y el hogar de una familia decisiva para la historia local, surgió una de las obras arquitectónicas más representativas de Albacete.

     

    Fotografía hacia la Calle Mayor de Albacete que es muy probable que se tirase hacia la Calle Marqués de Molins y desde un balcón de el Bazar Collado 



     

     

    La huella invisible

    Hoy no queda ningún rótulo que recuerde al Bazar Collado.

    No existe una fachada que permita identificar el lugar exacto donde trabajó aquella familia.

    Sin embargo, su legado continúa presente.

    Permanece en las fotografías de Julián Collado, en los documentos impresos que ayudaron a difundir la vida cultural de la ciudad y en la memoria de un Albacete que ya no existe.

    Cada vez que atravesamos el Pasaje de Lodares estamos caminando sobre un espacio que fue testigo de una parte fundamental de la historia urbana albaceteña.

    La desaparición física del Bazar Collado no significó el final de su influencia. Al contrario: su legado sigue ayudándonos a comprender cómo era la ciudad antes de que la modernidad transformara para siempre el corazón de Albacete.

    Porque algunas veces la historia más interesante no es la que permanece visible, sino la que permanece oculta bajo nuestros propios pasos.




    Fuentes

    AYUNTAMIENTO DE ALBACETE 

    DIPUTACIÓN DE ALBACETE

    ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE ALBACETE

    BIBLIOTECA DIGITAL DE CASTILLA-LA MANCHA

    INSTITUTO DE ESTUDIOS ALBACETENSES