Albacete en la Serie España Cómica 1887
Ilustración, perteneciente a la serie España Cómica Escrita por Sinesio Delgado y con ilustraciones de Ramón Cilla. La editorial era de Madrid, la imprenta de Manuel G. Hernández. En el año 1887 vió la luz refiriéndose a Albacete. Esta serie que representaba a toda la sociedad española de finales del siglo XIX, justo en los años anteriores al desastre de 1898 que significó la pérdida de las colonias de ultramar. El origen de estas litografías se encuentra en la prensa, ya que fueron publicadas entre 1887 y 1888 como suplemento del seminario ilustrado «Madrid Cómico». Vio la luz una estampa por provincia, además del prólogo.
La mayor parte de los dibujos fueron realizados por Ramón Cilla y Eduardo Sáenz Hermúa «Mecachis», mientras que los textos del reverso están firmados por el periodista Sinesio Delgado.
anverso de la publicación cómica de la publicación Madrileña
Reverso de la publicación cómica de la publicación Madrileña La tira cómica como podemos ver le da gran protagonismo a la langosta, pues bien en el año 1887 hubo una gran plaga de esta especie que asoló campos en Albacete, Cuenca y otras localidades. No solo fue un problema endémico de nuestra ciudad en 1887. De hecho se estuvo luchando con esta plaga no menos de tres años. El sustento de la población, mayoritariamente rural y con un índice de miseria y analfabetismo muy elevado, dependía, básicamente, de la tierra. Y el éxito de las cosechas incidía directa y, a menudo, dramáticamente en el nivel de vida
En el siglo XVIII, fue muy frecuente su aparición. Por cuatro años consecutivos, 1754-55-56-57, la plaga asoló el sur de España. Teniendo como foco Extremadura, se extendió por la Mancha, Andalucía, Murcia, Valencia. La constante visita del insecto, obligó al Consejo de Castilla a la promulgación de varias Instrucciones para luchar contra ella. Instrucciones que se repitieron y complementaron en años posteriores:
11 septiembre de 1723
8 junio de 1755
18 diciembre de 1804
Tres años lleva la langosta asolando con mayor o menor intensidad las tierras labrantías de los campos albaceteños, destruyendo a su paso las cosechas y sembrando desolación, miseria y hambre por los pueblos por donde pasa. Es la misma plaga que ya en 1884, había invadido las provincias de Ciudad Real y Cuenca y había infestado los pueblos cercanos.
En Cuenca se dice..Fue tal la plaga en los campos de Montalbo y Villar de Cañas que, a semejanza de los egipcios bíblicos, para evitar su introducción en las casas, hubieron los vecinos de cerrar puertas y ventanas, y cubrir las chimeneas para evitar que las langostas, llenando la casa, murieran en el la y llenando la comida, produjeran males mayores. Aun así, de tal modo se colaban en las casas que, vecino hubo que recogió diez costales de insectos, sólo al limpiar la casa, por no haber cerrado convenientemente.
Si el hado con que los hombres
va jugando a la pelota
no hubiera traído un día
(el cómo y por qué no importa)
un buen mozo de Albacete
a casa de mi patrona,
aquí se acaba el viaje
y mis penas y mis glorias,
porque yo estaría muerto
en Albacete a estas horas.
No porque el pecho tuviera
partido por una hoja
de las que alli se fabrican
y de justa fama gozan,
sino porque la tristeza
que en el corazón se enrosca
puede matar a un mancebo
lo mismo que a una paloma.
Y no recuerdo una pena
tan grande, tan fastidiosa,
incluso la que producen
los desaires de la novia,
como la que al alma lleva
esta ciudad sin historia,
sin monumentos, sin bulla
que suele haber en las otras;
en su mutismo encerrada
y en sus soledades solas.
De aquí que sin el amigo
(una excelente persona,
gran Tenorio de modistas
y coco de planchadoras)
yo me hubiera visto negro
para vencer la congoja.
Pero me ayudó la suerte,
salí del paso con honra
y hoy puedo contar tranquilo
lo que guardo en la memoria.
Llaman ciudad a Albacete,
y el nombre no hace a la cosa,
porque es un pueblo muy grande
donde no se oye una mosca.
En una extensa llanura,
tan árida como pocas,
parece un pobre mendigo
que en sus andrajos se emboza
cuidando con mil afanes
lo que siembra y lo que poda,
para que venga en dos días
a comerlo la langosta.
¡La langosta! El enemigo
que irritado se desborda
y, en parda nube, del cielo
cae como plaga espantosa
y se extiende en la campiña
y cuanto alcanza devora.
Legión de diablos pequeños
que el mismo Luzbel aborta
y que, diezmada en la lucha,
se rehace, crece y torna,
contra la cual no hay defensa
ni es posible la victoria,
porque si un insecto muere,
ciento por vengarle brotan,
y cada vez más tragones,
más compacto y más posmas,
por cada boca que cierran
abren cuatrocientas bocas.
Wikipedia
Manuel Fernández Grueso
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